Bosques de alcornoques

El alcornoque (Quercus suber) crece de forma natural sólo en la parte occidental del Mediterráneo y encuentra un ambiente ideal para su crecimiento en Portugal, España, Francia, Túnez, Argelia, Marruecos y en gran parte de la costa italiana, en particular, en Cerdeña..

En Cerdeña, estos árboles viven en alturas de hasta 900-950 m snm, a pesar de que las condiciones óptimas para su desarrollo se localizan entre los 500 y los 800 m, en donde el clima es más templado y las precipitaciones más abundantes.

Los bosques de alcornoque en la isla ocupan una superficie de más de 90.000 hectáreas, lo que representa poco más de la mitad de los árboles de Cerdeña. Ésta, por lo tanto, es una componente forestal muy importante. Estos bosques se encentran sobretodo en las regiones de Goceano, Gallura, Sarrabus e Iglesias en la meseta de Buddusò, en los territorios de Abbasanta, Sorgono y Orune Bitti. Más del 85% de los bosques es de propiedad privada y, por lo tanto,  y ha sido difícil ejecutar un plan de gestión integral o cualquier otra acción destinada a mejorar la condición actual de estos árboles.  

El problema de los incendios forestales, por desgracia siempre serios en la isla, ha afectado significativamente el estado de los bosques y del corcho. A la larga, los incendios causan mortandades generalizadas y ataques de hongos que pueden debilitar y agotar los troncos. Otros problemas que afectan el desarrollo de los alcornoques son el sobrepastoreo (inhibición de la regeneración natural), los cultivos (daño a las raíces) y las infestaciones de insectos.

En la Giara el corcho representa el tipo de bosque prevalente, ocupando el 46 por ciento de la superficie de la meseta. Estas formaciones forestales han sido condicionadas por las actividades humanas y con el tiempo se han adaptado al clima, especialmente al fuerte viento y a los suelos poco profundos. En este sentido, los alcornoques juegan un papel crucial en la conservación del suelo y en la lucha contra la desertificación; además, dada su propiedad pública, estos árboles contribuyen al desarrollo sostenible de los municipios de la Giara.

Como todas las formaciones forestales, el bosque de alcornoques constituye, junto a otras numerosas otras especies de plantas, un hábitat adecuado para muchas especies de fauna y, por lo tanto, pueden ser considerados como lugares de importancia fundamental para la conservación de la biodiversidad del Mediterráneo.

El corcho es un producto que se extrae periódicamente de la planta, y tiene una gran importancia económica en el contexto del Mediterráneo y el mundo. El corcho es un material precioso cuya extracción está regularizada por la Ley regional n. 4, 1994 (la cual establece que dicho procedimiento puede llevarse a cabo con un intervalo mínimo de diez años).

La primera extracción, llamada "demaschiatura", se puede realizar cuando la planta ha alcanzado una altura de 130 cm y un diámetro por encima de la corteza de al menos 60 cm. Las operaciones de “demaschiatura” deben ser realizadas por personal experimentado con el fin de evitar eventuales daños a las plantas o la extracción del corcho fuera de la norma. En la primera extracción se produce el "corcho macho" o "sugherone", de poco valor, que se utiliza en la industria de la construcción para fabricar paneles aislantes.

Los cortes sucesivos, que se llevan a cabo cada diez años, se pueden realizar a diferentes alturas, pero siempre siguiendo la ley. En estos casos, se extrae el "corcho amigable" (o "corcho femenino"), de gran valor, que se utiliza principalmente para la fabricación de tapones para botellas.

Las implicaciones ecológicas de una producción vinculada a las normas antes mencionadas son evidentes: ya que el corcho es materia prima renovable, su uso implica la preservación y el cuidado de las plantas, así como, en muchos casos, el incremento de las plantaciones. Por otra parte, hay que decir, que la transformación del corcho no deja residuos: el poco material de desecho generado durante la transformación se utiliza como combustible para crear la energía térmica necesaria para el mismo ciclo de producción.

Durante siglos, el corcho ha sido la materia prima para la construcción de muchos objetos de uso diario tanto en la casa como en el trabajo de los pastores y agricultores: los contenedores para la fabricación del queso, las grandes bandejas para servir la carne en los almuerzos de la comunidad, los tapones para los barriles, las jarras e incluso las tazas para beber el agua de la fuente.

La tradición de la región de Marmilla, desde este punto de vista, es similar a la tradición sarda en general,  pero practicada con más determinación: en la Giara el corcho se cultiva y se cosecha con más cuidado que en otros lugares y hasta la fecha el corcho extracto en la Giara se transporta hasta  la región de la Gallura en donde se transforma y se prepara para la venta.

Esta larga historia se puede ver en la composición de los bosques presentes en la meseta que a través del tiempo han creado una autoselección, disminuyendo la cantidad de encinas y robles y aumentando el número de alcornoques. Estos bosques, frecuentados por los famosos caballos de la Giara que buscan refugio para escapar del calor del verano, son de hecho el resultado de una actividad humana incesante. Por otra parte, los bosques muestran signos de un equilibrio especial entre la naturaleza y la cultura, un equilibrio frágil que ha sido interrumpido por algunos eventos históricos en los últimos siglos. Aquí, como en muchas otras partes de Cerdeña, los viejos árboles de roble sufrieron una reducción entre el 1880 y el 1920 y, nuevamente, durante la Segunda Guerra Mundial. El crecimiento de los bosques, desde entonces, ha sido frenado por la falta de estabilidad de los suelos y el pastoreo excesivo. Por lo tanto, los alcornoques de la Giara hoy en día son bastante delgados.

La conservación de estos bosques que representan un importante recurso ambiental y económico se debe al uso controlado del corcho que las plantas producen y a la atención especial que las comunidades locales han prestando a la preservación de este hábitat.

Sin embargo ha habido algunos problemas en la gestión, como por ejemplo las limpiezas excesivas y frecuentes de la maleza para fomentar el pastoreo excesivo, el cual perjudica el hábitat de los bosques.

En este sentido, el reconocimiento por parte de la Comunidad Europea del Lugar de Importancia Comunitaria de la meseta de la Giara y la cooperación de los pueblos ubicados en el LIC han contribuido activamente a la creciente reconciliación entre las actividades productivas tradicionales con la necesidad de preservar el patrimonio natural que la Marmilla. La salud de los bosques, la producción de corcho, la ganadería, la preservación del paisaje típico de la fauna y la flora son algunos de los objetivos que forman parte de un proyecto único y complejo, que implica la promoción del territorio y la conservación de su patrimonio natural y cultural.