Cultura y tradiciones

A través de los siglos, la economía de los pequeños pueblos de Marmilla se ha mantenido fiel a la vocación agrícola de la región. Una vocación que ha dejado su huella en todos los eventos culturales de la zona: en el calendario de las fiestas religiosas, firmemente conectado a los plazos impuestos por los ciclos de la vida rural; en la sabiduría de los antiguos maestros del arte, dedicados a los oficios estrechamente relacionados con la labor de los campos; y en el arte de la cestería, en donde parte de las vidas de los que realizan las cestas, permanece tejida en el mimbre, dando forma a estos simples e indispensables objetos que aún se encuentran en las casas de la isla. En la traza creada por la técnica de tejido, surgen texturas que evocan el origen de las alfombras, las cortinas y la tapicería, que aquí como en todos los países de Cerdeña, se producen con pequeñas particularidades que los hacen diferentes a cualquier otro tejido.

La misma huella se aprecia en las tradiciones musicales, en la poesía, en la danza - que cada pueblo mantiene y reinventa, cortando cada sonido, cada línea, cada gesto, en la medida exacta de su historia - y en la comida, que preserva los sabores y perfumes de una antigua tradición, en la que el elemento principal es el trigo. También en la arquitectura se aprecia la unión entre el habitante de la Marmilla y su entorno: en la forma de las casas y en la articulación de sus espacios, que aquí, como en otras regiones vecinas, se dibujan de acuerdo a las necesidades productivas.

Es en última instancia, esta red infinita que va de generación en generación, que captura cada objeto diseñado, construido y nombrado, y encuentra el lugar adecuado para cada animal y planta. Esta red no se olvida del esfuerzo contenido en el trabajo del campo y es ella que se dibuja cada vez que el pasado re-emerge en la historia de un anciano, o en las palabras de una antigua leyenda, o en la forma de un pan.

Y si le pones atención, si escuchas atentamente, entonces podrás apreciar, que cada pequeño objeto, incluso el más humilde, posee una voz narrante.

 

 

 

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