Los Caballos de la Giara

Los caballos de la Giara (Equus giarae), presentes desde tiempos inmemoriales entre los alcornoques y los Paulis de la meseta, se pueden considerar uno de los elementos faunísticos más interesantes de todo el territorio de la región de Marmilla. Ellos son sin duda el símbolo viviente.

 Cuando se consideran las diferentes hipótesis sobre su origen, es difícil distinguir el mito de la historia. Algunos creen que llegaron a Cerdeña desde Tirrenide (un continente que supuestamente desapareció hace miles de años) y hay quienes afirman que fueron traídos aquí por los fenicios en tiempos mucho más recientes. No importa cuál sea haya sido la historia de su llegada, es razonable pensar que estos caballos han estado en la Giara desde hace siglos, sufriendo numerosas hibridaciones que con el tiempo los llevaron a perder sus características originales. Por esta razón, estos especímenes se encuentran solo en la Giara, la cual es una especie de isla en isla  y, por lo tanto, ha sido capaz de salvaguardar en el tiempo las características físicas y el carácter de estos animales.

Estos caballos son salvajes, de mediana estatura (no más de un metro y veinte centímetros). Su pelaje es marrón brillante y alcanza tonos muy oscuros. El cuello, fuerte y robusto, sostiene una enorme cabeza, iluminada por ojos inconfundibles y melancólicos. La melena larga y gruesa y el cuerpo ágil dan a estos animales una belleza y gracia sin duda sorprendente que contrata la evidente rusticidad que los caracteriza. Pequeños rebaños pastan libremente y beben de los muchos Paulis, juntos a las vacas, las cabras y los cerdos que viven en la meseta en estado semi-salvaje. Los grupos familiares están compuestos por un semental, un número variable de hembras y algunos potros; hasta que estos últimos alcanzan la madurez sexual (cuando vienen expulsados del grupo por el macho dominante). Actualmente viven en la meseta varios cientos de ejemplares, la gran mayoría pertenece al Instituto para el aumento ecuestre de Ozieri, que desde hace años se ha hecho responsable de la defensa de esta raza.

Incluso a mediados del siglo pasado esta especie se utilizaba periódicamente en las granjas de la zona para trillar el grano y las legumbres. De hecho, estos famosos caballos han vivido hasta ahora en un ambiente antropizado, compartiendo con el hombre un equilibrio muy especial y frágil: no ha nunca sido del todo libre, pero tampoco ha sido nunca tratado como animal doméstico. Cada año, después de la cosecha, los cuadderis y los sogadores de los pueblos de la Giara reunían el rebaño para marcarlos, y una vez terminado el trabajo, los animales venían nuevamente liberados.

En la mitad del siglo pasado, cuando las trilladoras mecánicas fueron introducidas en la zona, el equilibrio milagrosamente conservado hasta entonces se rompió, acabando con una tradición centenaria. Fue entonces que algunos criadores trataron de cruzar a los caballos con animales más grandes, para obtener mejor precio por su carne, poniendo en riesgo la supervivencia de la especie; por este motivo, los ejemplares más pequeños, del tamaño de un perro grande, desaparecieron.

A mediados de los años setenta, el Instituto para el aumento ecuestre de Ozieri se comprometió a salvaguardar la vida de estos preciosos animales, mediante la identificación y eliminación de los caballos de otras especies y el aumento de la población de los caballos nativos. Los rituales para la captura e identificación de los caballos se repiten hasta la fecha, todos los años, pero el hierro para marcar ha sido cambiado por los microchips y el trabajo duro en los campos por la vida salvaje en la Giara. 

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