Que ver

La riqueza de los recursos naturales, el patrimonio arqueológico, las huellas arquitectónicas del pasado, hacen del territorio de la Giara de Gesturi, una parada esencial para quienes quieran conocer Cerdeña. Los caracteres que definen su cultura, aunque presentes en otras partes de la isla, se muestran aquí con particular claridad, por razones que tienen su origen en la historia más antigua y que han sido confirmadas por la historia más reciente. La Marmilla es la región histórica de la isla, que junto con el Campidano y la Trexenta, han utilizado el grano como recurso fundamental para garantizar la vida de sus numerosos pueblos. Gracias a los cereales, a su valor material y simbólico, las comunidades de esta zona pudieron crecer manteniendo sus propias tradiciones, su propia cultura. Pero - y esto es probablemente uno de los aspectos más interesantes de la zona y de los pueblos que pertenecen al Lugar de Importancia Comunitaria de la Giara – en el fondo de esta cultura y en el fondo del paisaje que ha sido su cuna, ha estado siempre el perfil de la silueta de la gran meseta, imponiéndose como lugar natural de enorme valor y preservando las huellas de los asentamientos humanos antiguos.

El pastoreo, que en Marmilla fue actividad marginal en comparación con el cultivo del grano, encontró en la meseta basáltica su espacio predilecto, en un entorno natural que a lo largo de los siglos, hasta hoy, ha conservado sus propias características.

Son sin duda atractivos para el visitante, los lugares tocados por los diversos senderos que conducen a la Giara a través de las antiguas scalas, accesos empinados siempre en uso, que se adentran en los bosques de alcornoques; flanqueando los Paulis (estanques temporales), poblados por caballos que beben sus aguas; acercándose a los restos de los nuragas y a los antiguos rediles de ovejas; ofreciendo a cada paso la vista desde el alto de la tierra cultivada subyacente.

Museos dedicados a la naturaleza y a los restos de asentamientos antiguos, se encuentran en muchos de los pueblos del entorno, emplazados en casas tradicionales rurales restauradas para albergar numerosas colecciones etnográficas.

Los sitios de interés científico y ambiental, los bosques de árboles milenarios y los demás recursos anteriormente mencionados, forman una densa red de puntos incluidos en los itinerarios turísticos, transitables a pie o en bicicleta.