Testimonianzas

Los pequeños centros rurales distribuidos a los pies de la Giara, se asomaron a la modernidad en la segunda mitad del siglo pasado. Los campesinos, que se habían mantenido hasta entonces fieles a una cultura secular, enfrentaron un proceso de cambio que no afectó solo el sistema productivo de entonces, sino también el orden social y político que hasta ahora los pobladores habían seguido. Es cierto, como dicen, que la vida en los años cincuenta en los pueblos de Cerdeña se parecía mucho a la de la Edad Media. Todos estos cambios sucedieron en muy poco tiempo, y por ende, muchas de las personas que vivían en el mundo de entonces, tan profundamente diferente al nuestro, siguen vivas.

Por este motivo, para poder tener un adecuado conocimiento de ese mundo pasado, se debe considerar la contribución de los testigos que lo vivieron en primera persona, que lo escucharon y que lo pensaron: la contribución de los últimos agricultores y artesanos que aún pueden contarlo.

Dada la urgencia dictada por el tiempo que inexorablemente nos aleja de nuestro pasado, es de fundamental importancia salvar la voz de sus últimos testigos. Además, hay otra razón fundamental para escuchar la historia directamente de la fuente informativa: en el mundo tradicional rural, el conocimiento no fue codificado sistemáticamente, no se hablaba de él explícitamente, no fue protagonista de libros ni de cursos especiales (todo esto vendría más tarde, con la modernidad, de hecho). Se aprendían los secretos de los oficios con la práctica, observando el trabajo de los mayores, así se obtenían los conocimientos complejos y articulados, compuestos de nociones y habilidades manuales para los que se requerían memoria, atención y aplicación incansable. Basta pensar al conjunto de informaciones que necesitaba un agricultor para poder trabajar la tierra de su pueblo: las características orográficas y topográficas del territorio, y los efectos de éstas en la cosecha (una zona empinada o rocosa se dejará sin cultivar y será destinada al pastoreo, mientras que cerca de un curso de agua se dará prominencia a los cultivos de verduras, que necesitan ser regados constantemente).

No hace falta decir que estos son simples ejemplos, pero no hay duda de que un tiempo existía una "ciencia" rural que acompañaba a la de las academias. Una ciencia que tal vez era menos universal, pero no menos capaz de responder a las cuestiones de cada día.

Este es un discurso valido para todas las artes y para todos los oficios que hasta el siglo pasado ayudaron a definir la relación entre los hombres y su mundo. Un mundo que aún puede dejar hablar a sus protagonistas.

 

Related contents